Cambió el amor, su nuevo rostro… si, again and again and again.
Y es que me he dado cuenta que el sol viste de niño, de viejo o de mujer, dependiendo del día. Las noches son iguales, consecuencias de cómo desperté, con quién desperté o con quién tomé una ducha.
Cambió el amor, su nuevo rostro… and again. Pasa que acabo de tener unos de esos reencuentros carnales, reencuentros encontrados, pierna con encuentro, busco y no te encuentro… de esos que te tatúan la estúpida sonrisa todo el día, de esos que no te dejan levantarte de cama, que te hacen vestir, y luego desvestirte solo para hacer que la mañana abrace a la tarde.
Nuevo rostro y nuevos besos. Sabores de calidez: melange de pasado y futuro, collage de ojos, nariz, piernas, ombligo y boca. Tres al hilo y ya tengo el ticket para mi algodón de azúcar. Es gracioso cuán circense puede ser el amor. Llega como una tormenta de arena: pomposa, ruidosa, pero caleta (sino estás atento, puede pasar a tu lado sin que te des cuenta). Y cuando pasa, arrasa. Se lleva raudamente tu ropa, tus gestos, te cachetea, te mete la mano, te levanta, te envuelve en sopor y calenturas. Pero es fugaz y a veces regresa y a veces no…eso no importa, en verdad. Lo que importa es que te devuelva tu ropa, que te caigas al piso después de tanta levantadera: rápido… pero tiene que ser rápido para que no te agarre desprevenido la siguiente tormenta porque podría ser LA TORMENTA, y es mejor esperarla tranqui.
... de "Calendarios Amarillos" de 2005
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